Gastronomía · 20/07/2026

El queso Cabrales: el oro azul de la montaña

Queso Cabrales en la Cueva Exposición de Arenas de Cabrales

Foto: Robot8A / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Si hay un producto que resume Cabrales, es su queso. El Cabrales es un queso azul con Denominación de Origen Protegida, elaborado desde hace siglos con leche cruda en los concejos de Cabrales y Peñamellera Alta, en pleno corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa, y madurado durante meses en cuevas naturales de caliza.

Un queso que nace del paisaje

El Cabrales no se entiende sin la montaña que lo rodea. La ganadería de estos valles ha sido durante siglos una economía de subsistencia: vacas, ovejas y cabras aprovechando los pastos de altura en verano y bajando al valle en invierno. Con la leche sobrante se hacía queso, y para conservarlo se recurría a lo que había: las cuevas naturales que la caliza de los Picos ha ido excavando por dentro.

Ese gesto práctico —guardar el queso donde se mantenía fresco— es exactamente lo que hoy define al producto. No es un queso al que se le añada nada para volverse azul: se vuelve azul porque madura donde madura.

Cómo se elabora

Se parte de leche cruda de vaca, o de una mezcla con oveja y cabra según la época del año y la ganadería. Que la leche sea cruda, sin pasteurizar, es una de las claves del sabor: conserva la flora propia del pasto y de cada rebaño, y explica que dos quesos de dos productores vecinos no sepan igual.

La leche se cuaja a temperatura suave, se corta la cuajada y se deja escurrir el suero. Las piezas se moldean, se salan y pasan unos días en un local ventilado antes del paso decisivo: la cueva.

Allí, a temperatura y humedad casi constantes durante todo el año, los quesos maduran durante meses. Las corrientes de aire de la caliza y los mohos del género Penicillium presentes de forma natural en la cueva van colonizando la pasta. Los quesos se voltean y se cepillan periódicamente, y poco a poco aparecen las vetas azules y verdosas que atraviesan el interior.

Ese proceso lento es lo que le da un sabor intenso y picante, con un punto de amargor, muy distinto de otros azules más cremosos y suaves. El Cabrales no es un queso tímido.

Qué protege la Denominación de Origen

La DOP no ampara solo la receta: ampara el territorio. Solo puede llamarse Cabrales el queso elaborado y madurado en la zona delimitada, con leche de la propia comarca y curado en cueva natural. Cada pieza certificada lleva su identificación, y ese es el detalle que conviene mirar al comprar.

Es una distinción importante porque en el mercado circulan quesos azules que imitan el estilo pero no cumplen ni el origen ni la maduración en cueva. Se parecen en el aspecto; no en el sabor.

Cómo reconocer el auténtico al comprarlo

El Cabrales certificado se envuelve hoy en papel de aluminio verde con la etiqueta numerada de la Denominación de Origen. Si no ves esa etiqueta, no es Cabrales: será un queso azul, quizá excelente, pero de otro sitio.

La imagen tradicional del queso envuelto en hojas de plágano —el arce del país— pertenece a una época anterior a la normativa sanitaria actual, y hoy solo la verás en representaciones y ferias. Que un queso vaya envuelto en hojas no lo hace más auténtico; la etiqueta sí.

Comprarlo en la propia comarca tiene una ventaja añadida: puedes preguntar en qué cueva ha madurado y cuánto tiempo lleva, dos datos que cambian mucho el resultado y que rara vez encontrarás en un lineal de supermercado.

Cómo probarlo sin equivocarte

El Cabrales es un queso potente, y la forma de servirlo cambia mucho la experiencia. Sácalo de la nevera al menos media hora antes: en frío la grasa está dura y el aroma queda encerrado. A temperatura ambiente se abre y gana matices.

Para acompañarlo, la combinación local es difícil de mejorar: pan de escanda, un cereal tradicional asturiano de miga densa que aguanta bien la intensidad del queso, y sidra natural, cuya acidez corta la grasa y limpia el paladar entre bocado y bocado. También funciona con vinos dulces, que juegan al contraste con el punto salino.

Si es tu primera vez, empieza por la zona más cercana a la corteza, algo menos intensa, y avanza hacia el centro. Y si el queso te resulta demasiado fuerte en solitario, prueba a fundirlo: una salsa de Cabrales sobre carne, o un cachopo relleno con él, suaviza el golpe sin perder el carácter.

Comprar una cuña en la quesería y cenarla en casa es, francamente, uno de los mejores planes del valle. Si te alojas en un apartamento con cocina completa como el Duje, tienes resuelta la cena: pan, queso, sidra y terraza con vistas, que no necesita más.

Visitar la Cueva Exposición del queso de Cabrales

Entender el Cabrales cuesta mucho menos después de entrar en una cueva de maduración. El cambio de temperatura al cruzar la puerta, la humedad y el olor explican el producto mejor que cualquier texto.

En Arenas de Cabrales, a pocos minutos de los apartamentos, la Cueva Exposición del queso de Cabrales ofrece visitas guiadas dentro de una cueva real, con audiovisual y degustación incluidos. La gestiona la Fundación Cabrales, y es la forma más directa de ver el proceso completo sin depender de que una quesería concreta tenga las puertas abiertas ese día.

Lo que conviene saber antes de ir:

Además, varias queserías de la comarca abren sus instalaciones y permiten catar el queso recién salido de su propia cueva. Y cada agosto el pueblo celebra el Certamen del Queso de Cabrales, con la subasta de la mejor pieza de la temporada como gran cita del calendario.

Si te alojas en El Ardinal tienes la cueva y varias queserías a muy poca distancia, y en recepción te orientamos sobre lo que esté abierto durante tu estancia.

El día grande del queso

Si quieres verlo en su ambiente, el último domingo de agosto Arenas de Cabrales celebra el Certamen del Queso: el concurso que elige la mejor pieza de la temporada, un mercado con las queserías de la comarca vendiendo directamente y una subasta que lleva años batiendo su propio récord —en 2026 se pagaron 37.500 euros por el queso ganador—. Es el día en que el valle entero se organiza alrededor de este queso, y lo contamos entero en nuestro artículo sobre el Certamen del Queso de Cabrales.

Y para seguir comiendo

El Cabrales es solo el principio: descubre también la fabada asturiana, el cachopo y el pescado del Cantábrico en nuestra página de gastronomía.

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