Naturaleza · 25/08/2026

Las Foces del Casaño: la ruta de río y bosque más fácil de Cabrales

Vacas pastando en un prado al pie de un macizo nevado de los Picos de Europa

Hay rutas en Cabrales que exigen madrugar, fondo físico y una buena dosis de respeto. Y luego están las Foces del Casaño: un camino llano junto al agua, entre bosque y paredes de roca, donde lo único que necesitáis son unas zapatillas decentes y ganas de andar sin prisa.

Si os alojáis en El Ardinal, la tenéis a unos 15 minutos en coche. Y es, probablemente, la mejor forma de conocer una Asturias tranquila sin tener que enfrentaros a una jornada de alta montaña.

Qué son las Foces del Casaño

Una «foz» es una garganta: el corte estrecho que el río ha ido excavando en la caliza a lo largo de milenios. El Casaño ha hecho exactamente eso a lo largo de varios kilómetros, dejando un desfiladero de paredes verticales, remansos y pequeños saltos de agua.

Lo primero que llama la atención es el color del agua. El Casaño baja transparente casi todo el año, con esos verdes y azules que solo dan los ríos de montaña sobre roca caliza. Es un río de aguas muy transparentes, y en cuanto lo veis se entiende por qué.

Lo segundo es el silencio. Al ser un camino de valle encajonado, el ruido de carretera desaparece a los cinco minutos. Solo queda el agua.

La ruta, en datos

Estos son los números que suelen manejar las guías de senderismo para el recorrido clásico:

Un apunte honesto sobre las cifras: las distancias que veréis publicadas varían entre unos 6 y unos 8 kilómetros porque no todo el mundo da la vuelta en el mismo punto. Unos lo hacen en la cascada, otros siguen hasta el Puente Mineros y los más animados continúan hacia Vega Batuda buscando el nacimiento del río. Tomadlo como una ruta a la carta: camináis lo que os apetezca y volvéis sobre vuestros pasos.

Qué vais a ver por el camino

El sendero arranca entre prados y bosque de ribera y va estrechándose a medida que el valle se cierra. A partir de ahí, el recorrido se convierte en una sucesión de rincones:

Los puentes de piedra. Pompedro, Escobín y Mineros. Pasos antiguos, construidos para la vida de estos valles mucho antes de que nadie viniera aquí a hacer fotos.

Las pozas. El río va formando remansos de agua transparente entre las rocas. En verano hay quien se baña; conviene avisar de que el agua baja de la montaña y está genuinamente fría.

Las cabañas de pastor. Construcciones de piedra repartidas por las praderías, testimonio del uso ganadero que ha dado forma a todo este paisaje.

El bosque. Hayas y robles cubriendo buena parte del recorrido, lo que convierte la ruta en una opción muy agradecida los días de calor: se camina casi todo el rato a la sombra.

Y con suerte y silencio, fauna: por aquí se dejan ver ardillas y, con bastante más fortuna, alguna nutria.

Por qué septiembre es el mejor mes

Si podéis elegir cuándo venir, este es el momento.

Las temperaturas bajan a un rango mucho más cómodo para caminar, el trasiego de agosto se desinfla y el bosque empieza a girar hacia los primeros tonos de otoño. Además, al ser una ruta de sombra y agua, gana muchísimo cuando el sol deja de castigar.

Si coincidís con el 18 de septiembre, La Molina —el pueblo donde arranca la ruta— celebra su fiesta de Nuestra Señora de la O. Merece la pena tenerlo en cuenta, aunque ese día tendréis bastante menos sitio para aparcar.

Antes de ir: lo que conviene saber

El aparcamiento es muy limitado. Hablamos de unas pocas plazas junto a la carretera o cerca de la iglesia de La Molina. En temporada alta y fines de semana, llegar temprano no es un consejo: es la diferencia entre hacer la ruta o dar media vuelta.

Cuidado con el suelo mojado. Las rocas y las raíces del camino se vuelven muy resbaladizas con humedad, aunque el resto del sendero esté seco. Calzado con suela decente, mejor que zapatilla lisa.

Hay tramos estrechos con caída al río. Nada técnico ni expuesto para un caminante normal, pero si viajáis con niños pequeños o alguien con vértigo, conviene saberlo de antemano.

Llevad agua y algo de comer. No hay servicios en el recorrido. Y lo que entra, sale: todo residuo vuelve con vosotros en la mochila.

Cómo llegar desde El Ardinal

La Molina está en el propio concejo de Cabrales, a pocos minutos en coche. Se accede desde la AS-114, la carretera que une Cangas de Onís con Arenas de Cabrales, siguiendo el desvío señalizado hacia el pueblo.

Como el aparcamiento es tan justo, nuestra recomendación es sencilla: preguntadnos por WhatsApp antes de salir. Os decimos cómo está la cosa esos días y a qué hora conviene ponerse en marcha.

Cómo rematar el día

Aquí es donde esta ruta gana de verdad frente a una jornada de alta montaña: termináis a mediodía con fuerzas de sobra para hacer algo más.

Lo lógico es acercarse a Arenas de Cabrales, pasear el pueblo y entrar en alguna quesería. Después de dos horas caminando junto al río, el queso Cabrales sabe distinto, y no es una frase publicitaria: es lo que pasa cuando el hambre y el sitio coinciden.

Una comida asturiana en condiciones, una sidra sin mirar el reloj y vuelta al apartamento. Ducha, terraza y a decidir con calma el plan de mañana.

Y si queréis más

Las Foces del Casaño funcionan muy bien como jornada suave dentro de una estancia más ambiciosa. Si os quedan días:

Nuestro consejo

Guardad unas horas para el Casaño. No es la ruta más famosa del concejo ni la que sale en todas las listas, y precisamente por eso conserva algo que otras han perdido: podéis caminar un buen rato sin cruzaros con nadie.

Un paseo, buen calzado, agua y tiempo por delante. Porque aquí el plan no es hacer muchas cosas. Es disfrutar de cada una.

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