Hay pocas montañas en España tan reconocibles como el Naranjo de Bulnes, conocido también por su nombre asturiano, Picu Urriellu. Esta torre caliza de 2.519 metros, en el corazón del Macizo Central o de los Urrieles, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa, es desde hace más de un siglo un símbolo del montañismo español.
Por qué se llama así
El origen del nombre se discute desde hace décadas. La explicación más repetida apunta al color: la caliza de su cara oeste toma tonos anaranjados con la luz del atardecer, un espectáculo que quien lo ha visto no olvida. Otra hipótesis lo relaciona con voces asturianas como narancu, usadas para designar peñas y elevaciones.
Entre montañeros y en la comarca se prefiere el nombre local, Picu Urriellu, que es como lo han llamado siempre los pastores de estos valles. Los dos nombres conviven, y ninguno está mal.
1904: la primera ascensión
La historia del Naranjo como icono empieza el 5 de agosto de 1904, cuando Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de Asturias, y el pastor y guía local Gregorio Pérez, conocido como «El Cainejo», alcanzaron la cima por primera vez.
Fue una ascensión de otra época: sin material técnico moderno, con cuerdas de cáñamo, y con El Cainejo abriendo paso descalzo en los tramos más delicados para agarrarse mejor a la roca. Bajaron ya de noche, después de un vivac forzado. Aquel mismo Pedro Pidal sería años después el impulsor de la declaración del primer parque nacional de España, en 1918: el Naranjo y la protección de los Picos comparten protagonista.
La montaña de los escaladores
La cara oeste del Urriellu, con unos 550 metros de pared vertical, se convirtió con el tiempo en el gran escenario de la escalada española. Cada generación ha dejado ahí su marca.
La vía más célebre es la Rabadá-Navarro, abierta en 1962 por los zaragozanos Alberto Rabadá y Ernesto Navarro tras varios intentos y días de pared. Fue un salto de nivel para el alpinismo español de la época y sigue siendo una vía de referencia. Ambos escaladores morirían al año siguiente en la cara norte del Eiger, y su nombre quedó unido para siempre a esta pared.
Hoy el Urriellu concentra decenas de itinerarios de todos los grados, y en los meses buenos es habitual ver cordadas trabajando en la pared desde la vega, un espectáculo en sí mismo aunque no escales.
Verlo de cerca sin escalar
No hace falta ser escalador para vivir el Naranjo. La forma habitual de admirarlo es caminando hasta la Vega de Urriellu, la pradería que se abre justo a sus pies, donde se encuentra el refugio Delgado Úbeda.
Se sube desde Bulnes o desde Sotres, en una ruta larga y con desnivel notable, pero que no exige técnica de escalada: solo buena condición física, calzado adecuado y respeto por la montaña. Calcula un día completo si vas y vuelves en la jornada, y valora pernoctar en el refugio si quieres ver la pared al amanecer, que es cuando mejor está.
Si prefieres una opción mucho más asequible, el mirador de Camarmeña, sobre Poncebos, ofrece una vista frontal del Naranjo con una caminata corta desde el pueblo. Es la manera más rápida de ponerle cara a la montaña, ideal para un atardecer.
Ten en cuenta que el refugio funciona con reserva previa y que su temporada varía; conviene consultar disponibilidad con antelación, especialmente en verano.
Bulnes, el pueblo sin carretera
El acceso clásico al Urriellu pasa por Bulnes, uno de los lugares más singulares de los Picos: un pueblo al que todavía hoy no llega ninguna carretera.
Durante siglos, la única forma de entrar y salir fue el Canal del Texu, un sendero empedrado que sube desde Poncebos siguiendo el desfiladero, con un desnivel considerable y algo más de una hora de subida a buen ritmo. Por ahí pasaba todo: personas, ganado y suministros.
En 2001 se inauguró un funicular que atraviesa la montaña por un túnel de más de dos kilómetros y salva el desnivel en pocos minutos. Cambió la vida del pueblo y disparó su número de visitantes. Ambas opciones siguen abiertas: el sendero, para quien quiera ganarse la llegada; el funicular, para quien tenga poco tiempo o vaya con niños.
Arriba, Bulnes se divide en dos núcleos: La Villa, el más grande, y El Castillo, un poco más elevado y con las mejores vistas. Casas de piedra, un puñado de vecinos y un silencio que se nota.
Desde El Ardinal
Llegar a la Vega de Urriellu y ver el Naranjo alzarse justo delante, especialmente al amanecer o al atardecer, es una de esas experiencias que quedan grabadas. Desde El Ardinal, en Arenas de Cabrales, tienes Poncebos a un paso, lo que convierte tanto la subida a Bulnes como la aproximación al Urriellu en planes cómodos de organizar.
Si prefieres una primera toma de contacto más suave, la Ruta del Cares recorre la garganta que separa este macizo del occidental sin apenas desnivel, y comparte con el Naranjo el mismo punto de partida. Aquí tienes el resto de rutas de senderismo desde Cabrales.
