Si solo vais a hacer una ruta en los Picos de Europa, que sea esta. La Ruta del Cares, conocida como «la garganta divina», es el sendero más famoso del Parque Nacional: doce kilómetros tallados a media ladera sobre el río Cares, entre paredes que en algunos tramos se cierran hasta dejar solo un hilo de cielo arriba.
Los datos, para haceros una idea
El recorrido clásico une Poncebos, en Cabrales, con Caín, ya en la provincia de León, y separa el macizo occidental del central. Son unos doce kilómetros por sentido y alrededor de 450 metros de desnivel acumulado, repartidos en un trazado que sube y baja constantemente pegado a la roca.
Ida y vuelta completa son unas seis u ocho horas caminando con calma. Solo de ida, a buen ritmo, se resuelve en dos horas y media largas. No es una ruta técnica ni exige experiencia de montaña —el sendero es ancho y está bien acondicionado— pero sí un mínimo de forma física y cabeza: hay tramos con caída considerable a un lado.
Una obra de ingeniería antes que un paseo
Lo que hoy es un sendero icónico nació como obra hidráulica. Se excavó entre 1915 y 1921 para construir un canal que alimentaba una central hidroeléctrica, con cerca de quinientos trabajadores abriendo camino a golpe de pico en la roca viva. Once de ellos murieron en accidentes, la mayoría por caídas.
El canal se amplió más tarde, entre 1945 y 1950, con un nuevo grupo de obreros y, de nuevo, víctimas mortales en el proceso. Ese canal sigue ahí, discurriendo paralelo al sendero y metiéndose en túneles: buena parte de lo que camináis es, literalmente, el camino de servicio de la obra.
Merece la pena andar la garganta pensando en eso. Con barandilla, firme acondicionado y zapatillas técnicas, cuesta imaginar lo que fue abrir ese trazado colgado de una cuerda.
El derrumbe de 2011
El desfiladero tiene también su historia reciente. En 2011 se desprendió parte de un acantilado sobre el sendero, que quedó cerrado hasta su reapertura en julio de 2012 con una pasarela en voladizo sobre el punto del derrumbe. Hoy es uno de los tramos más fotografiados de toda la ruta.
Ida y vuelta, o solo ida
Aquí está la decisión que más condiciona el día. La ida y vuelta desde Poncebos es lo más sencillo de organizar: dejáis el coche donde lo habéis dejado y no dependéis de nadie. Es lo que hace la mayoría.
La travesía completa hasta Caín en un solo sentido es más agradecida, pero exige resolver la vuelta antes de salir. Conviene saber algo que sorprende a mucha gente: no hay transporte público entre Caín y Poncebos. Por carretera hay que rodear el macizo entero, y ese enlace solo lo cubren taxis privados con reserva previa, a un precio que se cuenta por cientos de euros por vehículo. El autobús de temporada del Principado llega hasta Poncebos por el lado asturiano, pero no baja a Caín.
Así que, si vais a cruzar entero, dejad cerrado el regreso por adelantado o organizadlo con dos coches. Improvisar en Caín a media tarde sale caro.
Y hay una tercera opción que se menciona poco y funciona muy bien: caminar solo el tramo que apetezca y dar la vuelta. Lo más espectacular del recorrido empieza pronto saliendo de Poncebos, así que dos horas de ida y dos de vuelta dan una jornada muy completa sin comprometerse a la ruta entera. Es la mejor fórmula si vais con niños o con gente de ritmos distintos.
Qué llevar, y una advertencia sobre el agua
El punto crítico es el agua. En buena parte del trazado no hay fuentes ni sombra, y la garganta funciona como un horno en verano: la roca acumula calor y lo devuelve toda la tarde. Llevad bastante más de la que creéis necesitar, y gorra.
Calzado con suela agarrada —hay zonas con gravilla suelta—, protección solar y algo de comer. No hay servicios a lo largo del recorrido, así que salís de Poncebos con todo lo que vais a necesitar.
Cuándo ir
Primavera y otoño son las mejores épocas: temperatura amable y bastante menos gente. En julio y agosto la ruta se llena, sobre todo entre media mañana y media tarde, y el calor aprieta de verdad.
Si vais en verano, salid pronto. Ganáis sombra en las primeras horas, temperatura razonable y una garganta bastante más vuestra.
Tened en cuenta además que el aparcamiento de Poncebos se llena temprano en temporada alta. En Semana Santa, los fines de semana de mayo y del 1 de junio al 12 de octubre hay autobús desde Arenas de Cabrales hasta Poncebos, con salidas repartidas a lo largo del día, que es la forma más cómoda de no pelearse por una plaza. Los horarios y las tarifas de cada temporada los publica el Consorcio de Transportes de Asturias.
Y si al leer todo esto pensáis que no es vuestra ruta —o que no lo es para el grupo con el que venís—, las Foces del Casaño ofrecen el mismo paisaje de roca y agua en un camino llano y corto, sin exposición ni desnivel.
Desde El Ardinal
Desde El Ardinal, Poncebos está a 6 km, unos 12 minutos en coche, así que podéis salir temprano sin madrugón y estar de vuelta a comer.
Si vais un grupo o dos familias, el que mejor encaja para una jornada de garganta es el apartamento Cares: un dúplex de dos plantas con dos dormitorios y dos baños, pensado para cuatro a seis personas, que es justo cuando conviene no compartir un único cuarto de baño después de doce kilómetros.
Si todavía estáis decidiendo dónde alojaros, en dónde dormir para hacer la Ruta del Cares tenéis qué apartamento encaja según el grupo y cómo organizar el día.
Y a la vuelta, la recompensa evidente: una fabada o un cachopo en Arenas saben distinto después de doce kilómetros de desfiladero.
¿Os habéis quedado con ganas de más? Mirad el resto de rutas de senderismo desde Cabrales, incluida la subida a los pies del Naranjo de Bulnes.
