Pocas imágenes representan tanto a Asturias como los Lagos de Covadonga. Descansan a unos 1.134 metros de altitud en el Macizo Occidental del Parque Nacional de los Picos de Europa, sobre el santuario de Covadonga, y son probablemente el rincón más fotografiado de toda la cordillera.
Tres lagos, aunque casi siempre se hable de dos
Los conocidos son el Enol y la Ercina, y son los que veréis en cualquier fotografía. El Enol es el más profundo y el de aguas más oscuras; la Ercina, más somera y rodeada de pradería, es la que aparece con vacas pastando a la orilla en la postal clásica.
Pero hay un tercero, el Bricial, que solo tiene agua durante el deshielo. Buena parte del año es simplemente una vega seca por la que se pasa sin reparar en ella, y en primavera se convierte en lago durante unas semanas. Si subís fuera de temporada y veis una lámina de agua donde no esperabais ninguna, es él.
Cómo se formaron
Son lagos de origen glaciar. Durante las últimas glaciaciones, la lengua de hielo que ocupaba esta zona excavó cubetas en la roca y dejó, al retirarse, depósitos de materiales que actuaron como tapón. El agua se acumuló en esos huecos y ahí sigue.
Lo interesante es que estén ahí en absoluto, porque el terreno es caliza y la caliza se disuelve: en los Picos el agua tiende a colarse hacia dentro de la montaña en lugar de quedarse en superficie. Que estos lagos se mantengan se debe precisamente a esos sedimentos glaciares impermeables que forran el fondo. Es la misma geología que explica las cuevas donde madura el queso Cabrales, actuando aquí al revés.
Covadonga, el origen del nombre y del parque
Antes de llegar arriba se pasa por Covadonga, y merece la parada. La Santa Cueva, encajada en la pared rocosa, y la basílica de estilo neorrománico son el centro de un lugar de peregrinación con mucho peso simbólico: la tradición sitúa aquí la batalla que en el año 722 dio comienzo, según el relato clásico, a la Reconquista.
Ese peso explica también el nombre del primer espacio protegido de España. Cuando en 1918 se declaró el primer parque nacional del país, no se llamó Picos de Europa sino Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, y durante casi ochenta años se limitó a este macizo occidental. La ampliación a los tres macizos, y el nombre actual, no llegaron hasta 1995.
Cómo se sube
La carretera que asciende desde Covadonga es estrecha, con curvas cerradas y un desnivel notable. En temporada alta el acceso en coche particular se regula y se sustituye por un servicio de lanzadera desde aparcamientos habilitados abajo, precisamente porque el espacio arriba es limitado y el entorno frágil.
El cierre no es cosa de un par de semanas: cubre buena parte del año. En el plan vigente abarca Semana Santa, los fines de semana de mayo, del comienzo de junio a mediados de octubre, los puentes de otoño y el de diciembre. En esos días se sube en autobús desde Cangas de Onís o desde Covadonga, con salidas desde primera hora de la mañana y bajadas a lo largo de la tarde.
Las fechas cambian cada temporada, y dentro del propio periodo de cierre quedan exceptuados algunos días sueltos en los que sí se puede subir en coche. El calendario, los horarios y las tarifas del año en curso están en la web oficial del servicio, donde conviene comprar el billete por adelantado. Comprobarlo antes de salir es la diferencia entre una mañana redonda y darse la vuelta en la carretera.
Qué hacer una vez arriba
No hace falta ser gran caminante. La Ruta de los Lagos enlaza el Enol y la Ercina en un recorrido circular corto y cómodo, apto para ir con niños, que pasa por el entorno de las antiguas minas de Buferrera, donde se explotaron hierro y manganeso hasta bien entrado el siglo XX y aún quedan restos de la instalación.
El Mirador de la Reina, en la propia carretera de subida, es parada obligada: desde ahí se abre la vista sobre la sierra y, en día claro, hasta el mar.
Para quien quiera algo serio, la subida a la Vega de Ario es una jornada completa, con desnivel de verdad y una de las panorámicas más impresionantes del parque: enfrente, al otro lado de la garganta que recorre la Ruta del Cares, se levanta el macizo central entero.
La montaña de la Vuelta
Si el nombre os suena aunque no hayáis estado nunca, probablemente sea por el ciclismo. Desde 1983 los Lagos de Covadonga son final de etapa habitual de la Vuelta a España, y esa subida —con sus rampas duras en el tramo de La Huesera— se ha convertido en una de las citas clásicas de la carrera. Buena parte de su fama internacional viene de ahí.
Desde Cabrales
Desde El Ardinal la excursión ocupa una mañana larga, lo que os deja la otra mitad del día para el propio valle de Cabrales. El consejo es siempre el mismo: subid temprano, evitad las horas centrales en verano y contad con que arriba puede haber niebla aunque en el valle haga sol.
Por eso funciona tan bien como escapada de fin de semana en pareja: mañana de lagos, tarde de valle. El apartamento Casaño, pensado para dos, es el que mejor acompaña ese plan, con su terraza para el final del día.
Si después de los lagos os quedáis con ganas de caminar más, estas son las rutas de senderismo imprescindibles desde Cabrales.
