Naturaleza · 06/08/2026

Costa cercana: Llanes, playas y bufones a un paso de Cabrales

Bufones de Pría, Llanes, con un chorro de agua saliendo de los acantilados

Foto: Ivilarmi / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

Los Picos de Europa se asoman casi al mar, y esa es una de las rarezas de esta esquina de Asturias: en unos 40 minutos desde Cabrales pasáis de la alta montaña a la orilla del Cantábrico. La capital de esa costa es Llanes.

Una villa marinera con historia

Llanes conserva un casco histórico que se recorre a pie sin prisa, con restos de muralla medieval, casonas y palacios, y un puerto pesquero que sigue en activo. Es un pueblo que vive del mar y del turismo sin haber perdido del todo la escala de lo primero.

Por sus calles se nota otra huella muy asturiana: la de los indianos, los emigrantes que hicieron fortuna en América y volvieron a levantar casas señoriales de aire colonial, con palmeras en el jardín como marca de la casa. Se reconocen enseguida y salpican todo el concejo.

En el propio puerto está la obra que más fotografías se lleva: los Cubos de la Memoria, los bloques de hormigón del espigón pintados por el artista vasco Agustín Ibarrola. Un rompeolas convertido en mural, y una de esas cosas que funcionan mucho mejor en persona que en imagen.

Más de treinta playas en pocos kilómetros

El concejo reúne más de treinta playas y calas en un tramo de litoral relativamente corto, y son muy distintas entre sí.

Toró, junto a la villa, es la más reconocible por las agujas de roca que emergen de la arena cuando baja la marea. Ballota y Andrín son arenales abiertos y espectaculares. Torimbia, en forma de concha perfecta y rodeada de verde, es playa nudista y exige bajar andando desde el aparcamiento, lo que la mantiene algo más tranquila. Las Cuevas del Mar deben su nombre a los arcos y túneles que el mar ha excavado en la roca y que quedan al descubierto con la marea baja.

Y luego está Gulpiyuri, la rareza: una playa de arena, con olas de verdad, escondida tierra adentro entre prados y sin conexión visible con el mar. El agua le llega por galerías subterráneas excavadas en la caliza. Es diminuta y muy conocida, así que en pleno agosto conviene ir a primera o última hora.

Los bufones, el espectáculo de la marea

Si la caliza de los Picos está agujereada por dentro, la de la costa también. En varios puntos del litoral —sobre todo en la rasa de Pría— el mar entra por grietas y galerías subterráneas y, cuando la presión encuentra salida, sale disparado hacia arriba por un orificio en lo alto del acantilado. Eso es un bufón.

Con oleaje fuerte y viento del norte, los chorros de agua y espuma pueden superar los veinte metros, acompañados de un bramido muy característico. Con mar en calma, en cambio, no pasa nada: se ve el agujero y poco más.

Aquí va la advertencia importante, y no es retórica: los días en que los bufones funcionan de verdad son días de temporal, el terreno alrededor está resbaladizo y los orificios se abren sin protección en mitad de la pradería del acantilado. Hay que mantener la distancia y no acercarse al borde. Es un espectáculo para ver desde atrás.

Entre la montaña y el mar

Toda esta franja está protegida como Paisaje Protegido de la Costa Oriental, y se recorre bien a pie: el Camino de Santiago del Norte pasa justo por aquí, y buena parte de sus etapas van pegadas al acantilado, con la sierra al fondo y el mar debajo. No hace falta hacer el Camino entero para aprovecharlo; cualquier tramo suelto de una tarde funciona.

Combinar los dos paisajes en un día

Es uno de los planes favoritos de quienes se alojan en El Ardinal: una mañana de montaña y una tarde de playa, o al revés. Pocas zonas de España permiten ese contraste con tan poco coche de por medio.

Un apunte práctico sobre el Cantábrico: el agua está fría incluso en agosto, y la marea manda mucho más de lo que suele esperar quien viene del Mediterráneo. Playas que a marea baja son un arenal enorme desaparecen casi por completo con la marea alta, así que conviene mirar la tabla antes de decidir dónde pasar la tarde.

De vuelta a la mesa, la cercanía del mar se nota en el pescado del Cantábrico; y si buscáis otro plan de agua, tenéis el descenso del Sella a una distancia parecida.

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