Cabrales mira a la montaña, pero el mar Cantábrico está más cerca de lo que parece: en poco más de una hora tienes la costa asturiana, y su pescado llega a las mesas de la zona con muy pocas horas de diferencia entre la lonja y el plato.
El protagonista habitual es el pixín, nombre asturiano del rape, muy apreciado por su carne firme y sin apenas espinas: se prepara a la marinera, al horno o simplemente a la plancha con un buen aceite. Junto a él, el virrey (una variedad de gallineta) aparece en guisos y a la plancha, y la merluza, siempre presente en la cocina asturiana, se sirve a menudo «a la sidra», cocinada con el propio caldo de la manzana.
El marisco tampoco falta: percebes, oricios (erizo de mar, muy apreciados en temporada), nécoras y almejas llegan de la ría y se preparan de forma sencilla, dejando que el propio producto sea el protagonista, sin mucho artificio.
Muchos restaurantes de la zona combinan carta de montaña y de mar en el mismo menú, así que no hace falta elegir: puedes empezar con un pote asturiano y terminar con pescado fresco del día. Pregunta siempre por la sugerencia del día — en la costa asturiana suele ser la mejor guía de lo que ha entrado esa mañana en el puerto. Alojarte en El Ardinal, en Cabrales, te da la base perfecta para combinar ambas cocinas, la de montaña y la de mar, sin moverte mucho de la comarca.
