El otoño es probablemente la mejor época para caminar por los Picos de Europa. Hay menos gente, la temperatura acompaña y los hayedos empiezan a cambiar de color. Pero la montaña de octubre no es la de agosto: los días son más cortos, la niebla aparece sin avisar y el terreno pasa más tiempo húmedo. En lo que va de septiembre ha habido ya varios rescates en la zona, y casi todos tienen algo en común: el día se complicó por cosas que se pueden prever.
No es para asustar a nadie. Es para que salgáis sabiendo lo que os vais a encontrar. Estos consejos os servirán antes de coger el coche hacia Poncebos o Sotres.
1. Contad con menos horas de luz de las que parece
Es el error más habitual en otoño: planificar la ruta con la cabeza todavía en verano. En Arenas de Cabrales, a finales de septiembre, el sol se pone hacia las 20:10; a mediados de octubre, hacia las 19:40. Y el último domingo de octubre (este año, el 25) se cambia al horario de invierno: desde ese día anochece poco después de las 18:15, y a mediados de noviembre, antes de las 18:00.
Hay un matiz más: dentro de una garganta o en una ladera orientada al norte, la luz útil se acaba bastante antes de la puesta de sol oficial. La regla práctica es sencilla: fijad una hora de vuelta y respetadla, aunque no hayáis llegado a donde queríais. Y llevad siempre frontal o, como mínimo, el móvil con la batería cargada.
2. La niebla cambia las reglas del juego
En Picos, la niebla puede cerrarse en media hora sobre un día que amaneció despejado. Cuando entra, desaparecen las referencias: las sendas de alta montaña, que en muchos tramos están marcadas solo con hitos de piedra, se vuelven difíciles de seguir, y es muy fácil acabar en una pendiente o en una zona de matorral de la que cuesta salir.
- Mirad la previsión de montaña, no la del pueblo. La predicción de AEMET para Picos de Europa da el tiempo en cotas altas, que puede ser muy distinto del que hace en Arenas.
- Llevad el track descargado en el móvil o en un GPS, y un mapa en papel si vais a zona alta. En muchos puntos no hay cobertura.
- Si entra la niebla y no tenéis claro el camino, parad. Volver sobre vuestros pasos por donde habéis venido es casi siempre mejor que buscar un atajo.
3. Roca húmeda, hojas y barro
La caliza de Picos agarra bien en seco, pero con humedad resbala mucho, y en otoño está húmeda más horas: rocío por la mañana, lluvia fina, sombra que no se seca en todo el día. Los hayedos añaden otra trampa: las hojas caídas tapan piedras y raíces.
Calzado de montaña con buena suela, nada de zapatillas lisas. Y si os gustan los bastones, este es el momento de llevarlos: en las bajadas se nota mucho.
4. La Ruta del Cares en otoño
La Ruta del Cares no es una ruta técnica, y en otoño se disfruta más que en verano: menos calor y menos gente. Pero conviene recordar lo que tiene: tramos largos junto a un cortado sin protección, firme de gravilla suelta en algunos puntos y roca que resbala cuando está mojada.
- Id siempre por el lado de la pared, sobre todo al cruzaros con otros senderistas o al parar para hacer fotos. Las fotos, con los pies quietos y lejos del borde.
- Si llueve o ha llovido mucho, pensad si es el día. Puede haber pequeñas caídas de piedras desde las paredes.
- Calculad bien la ida y vuelta. Son unos doce kilómetros por sentido. Con los días cortos, no hay que llegar a Caín para disfrutar del Cares: los tramos más espectaculares empiezan poco después de Poncebos.
- Consultad los avisos del Parque antes de salir. Cuando hay cortes por obras o desprendimientos, la web oficial del Parque Nacional los publica.
5. Elegid la ruta por el grupo, no por la foto
Muchos apuros empiezan con una ruta que era demasiado para alguien del grupo. Antes de salir, pensad en el que va más justo: su forma física, su experiencia y lo cómodo que se siente en zonas con caída. La ruta la marca él.
Hay alternativas muy buenas si el día o el grupo no dan para más:
- Las Foces del Casaño: llanas, junto al río y sin exposición.
- Subir a Bulnes en el funicular desde Poncebos y pasear por el pueblo, sin kilómetros de subida.
- El tramo inicial del Cares, ida y vuelta, con la hora de regreso marcada.
En el artículo de rutas de senderismo desde Cabrales tenéis más ideas para elegir según el grupo.
6. Qué llevar en la mochila en otoño
En verano la preocupación es el agua y el calor. En otoño se suma el frío: si os quedáis parados una hora en altura, con niebla y viento, la temperatura cae deprisa.
- Una capa de abrigo y un chubasquero, aunque salga el sol.
- Agua y algo de comida de sobra: más de lo que pensáis gastar.
- Frontal y el móvil cargado, con una batería externa si la ruta es larga.
- Gorro y guantes finos si vais a zona alta. Pesan poco y se agradecen mucho.
- Un pequeño botiquín.
7. Saber darse la vuelta
En montaña, darse la vuelta a tiempo es tomar una buena decisión. Nadie cuenta las rutas que no se terminaron, pero muchos rescates empiezan con un «ya que estamos aquí, sigamos un poco más». Hay señales claras para volver:
- Ha pasado la hora de vuelta que os habíais puesto.
- La niebla baja y ya no veis la siguiente marca del camino.
- Alguien del grupo va cansado, tiene frío o no se siente seguro en un paso.
- El terreno se ha vuelto más difícil de lo esperado: roca mojada, pendiente fuerte o un paso que no sabéis cómo bajar.
La montaña va a seguir ahí mañana, y vosotros podéis volver otro día.
8. Antes de salir y si algo va mal
Decid a alguien a dónde vais y a qué hora pensáis volver. Es el gesto más sencillo y el que más tiempo ahorra si hace falta buscar a alguien.
Si tenéis un accidente o os perdéis, llamad al 112. Os pondrán en contacto con los equipos de rescate de montaña. Mientras tanto:
- Quedaos donde estáis si no tenéis claro el camino. Moverse sin referencias complica la búsqueda.
- Abrigaos y ahorrad batería: bajad el brillo y cerrad lo que no necesitéis.
- Si no hay cobertura, intentadlo desde un punto más abierto o más alto que tengáis cerca y sea seguro.
Un otoño para disfrutarlo
Nada de esto debería quitaros las ganas. El otoño en Picos es tranquilo, tiene una luz preciosa y las rutas se hacen a gusto. Con la previsión mirada, una hora de vuelta y la mochila bien hecha, se disfruta mucho más. Y si os apetece un madrugón distinto, es también la época de la berrea.
Desde El Ardinal, Poncebos está a 6 km, así que podéis salir a primera hora y volver con tiempo de sobra.
Y si el día amanece tapado, siempre queda un plan de otoño a cubierto: el queso Cabrales, una fabada sin prisas y la montaña vista desde la ventana.
